Archicofradía de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús

 

Viva † Jesús

La fidelidad en las cosas pequeñas.

Meditación Mes Mayo

 

Meditación de Hermana

María del Sagrado Corazón Bernaud

para el mes de Mayo de 2020

 

¿Quién hubiera podido creerlo, si el mismo Esposo no lo afirmase en los cantares, que su amada había herido su Corazón con uno de sus ojos y uno de sus cabellos? (Ct., IV, 9). Esto es lo que causa la admiración del cristiano, concebir cómo un Dios tan grande se digna dirigir sus miradas sobre su débil criatura para considerar sus más menudas acciones, aceptarlas y complacerse en ellas cuando son hechas con deseo de obedecer y agradarle.

¡Qué misterio se encierra en semejante condescendencia! No nos admiremos: el amor tiende a la unión, y el de un Dios no se detiene hasta llegar al extremo de unirse con nuestra nada.

Cuanto más pequeños somos, parece que nos ama más y se contenta con muy poco cuando este poco se le ofrece con mucho amor.

He aquí el secreto que sirve para consolar y aún regocijar a un sinnúmero de almas piadosas, quienes privadas por su humilde condición de ejercer alguna influencia sobre los otros, no tienen que ofrecer a Dios en su trabajosa vida más que actos de abnegación y sufrimiento; pero si los sobrenaturalizan y transforman por el amor, pueden llegar a ser eminentes y bastarán para santificarlas.

Es cierto que relativamente con Dios es nada cuanto podamos hacer, por encumbrado y brillante que parezca. ¡Sólo Dios es grande! Imaginemos qué sería una hormiga arrodillada ante un gran Monarca para ofrecerle sus servicios, pues aún menos somos nosotros delante de Dios. Pero no desprecia la obra de sus manos, y los más ligeros esfuerzos que nosotros hagamos por agradarle conmueven su Corazón.

Partiendo de este principio, concebiremos la estima que merecen estas cosas pequeñas y nos aplicaremos a perfeccionarlas sin dejar escapar ninguna. Rara vez podemos practicar acciones heroicas, pero estos pequeños actos de virtud en todos los instantes. Hacer la señal de la cruz bien hecha, una aspiración hacia Dios, un acto de recogimiento, una mortificación desapercibida, un porte modesto, una palabra de condescendencia, soportar con humildad al prójimo, perseverar aún con fastidio en un empleo monótono, menos todavía, un suspiro, una mirada de nuestra alma es bastante para herir el amor del Corazón de Jesús y regocijar su ternura.

Usemos de esta piadosa estratagema, lancemos ardientes flechas hacia el Deifico Corazón. Estemos prevenidos desde la mañana para aprovecharnos de todo. Cuando nos sintamos más débiles por las múltiples obligaciones o porque un trabajo absorbe toda nuestra atención, recurramos a la fidelidad en las cosas pequeñas para que nos santifiquen.

A pequeño tendero, pequeño cesto, decía agradablemente San Francisco de Sales; si no encontramos grandes ganancias, hagamos acopio de las pequeñas y nos enriqueceremos imperceptiblemente.

El agua que cae incesantemente, aunque no sea más que gota a gota, al fin acabará de llenar un vaso; al fin del día también se encontrará el cáliz de nuestro corazón lleno de méritos para el cielo.

Empecemos a trabajar en nuestra perfección resueltamente por la fidelidad en las cosas pequeñas. Nada puede acobardarnos, ni podemos alegar por excusa, el temor a la ilusión o el orgullo. Empecemos, pues, queridos Guardias de honor.

Según la palabra del Divino Maestro, si hemos sido fieles en las cosas pequeñas lo seremos en las grandes. Con este constante trabajo se reformará poco a poco nuestro mal natural y se habituará a luchar reforzándose para los redoblados ataques. Así cuando nos sobrevengan horas difíciles, circunstancias espinosas o grandes pruebas— ¿qué existencia no las tiene?, — si hemos sido fieles en las cosas pequeñas, lo seremos también en las grandes con ayuda de la gracia. Y en la última hora del día de nuestros combates nos dirá el Divino Maestro estas consoladoras palabras: Siervo bueno y fiel, porque fuiste fiel en las cosas pequeñas, yo te estableceré sobre las grandes: entra en el gozo de tu Señor (Mt., XXV, 21).

 

Dios sea bendito

Primer Monasterio de la Visitación de Santa María

Santiago de de Chile